En una época de decisiones rápidas, la cría nos devuelve a una escala más lenta. Un potro no es el resultado de un instante: guarda en su cuerpo muchas elecciones pequeñas, desde el manejo de la madre hasta el entorno en que aprende a moverse.

Nuestro trabajo es preparar el terreno. Seleccionamos, observamos, descartamos y volvemos a aprender. El criterio se afina con los años, pero necesita conservar una parte de curiosidad.